Simón Bolívar, un caudillo de la independencia hispanoamericana, nació el 24 de Julio de 1783 en Caracas, Venezuela. Sus padres fueron Juan Vicente Bolívar y María de la Concepción Palacios. El padre murió cuando Simón tenía apenas 3 años y su madre cuando tenía 9. Debido a esto se crió con su abuelo materno y tutor, Feliciano Palacios. Se formó leyendo a los pensadores de la ilustración, tales como Rousseau, Voltaire y Montesquieu, además de viajar por Europa. A la muerte de su abuelo, el niño pasó a depender de su tío Carlos Palacios, pero a los 12 años huyo de su tutela buscando asilo en la casa de su hermana María Antonia.
En 1797 se entregó a su auténtica vocación, el ejercicio de las armas e ingresó como cadete en el batallón de Milicias de blancos de los valles de Aragua. Ingresar al batallón aprendió a ser disciplinado y a tomar en serio el estudio de las matemáticas, dibujo topográfico o física, lo cual lo animó a emprender instructivos viajes.
Se trasladó a Madrid en 1799 para completar sus estudios, donde vivió con sus tíos Esteban y Pedro Palacios. Fue ahí donde conoció a la que Simón Bolívar, un caudillo de la independencia hispanoamericana, nació el 24 de Julio de 1783 en Caracas, Venezuela. Sus padres fueron Juan Vicente Bolívar y María de la Concepción Palacios. El padre murió cuando Simón tenía apenas 3 años y su madre cuando tenía 9. Debido a esto se crió con su abuelo materno y tutor, Feliciano Palacios. Se formó leyendo a los pensadores de la ilustración, tales como Rousseau, Voltaire y Montesquieu, además de viajar por Europa. A la muerte de su abuelo, el niño pasó a depender de su tío Carlos Palacios, pero a los 12 años huyo de su tutela buscando asilo en la casa de su hermana María Antonia.
En 1797 se entregó a su auténtica vocación, el ejercicio de las armas e ingresó como cadete en el batallón de Milicias de blancos de los valles de Aragua. Ingresar al batallón aprendió a ser disciplinado y a tomar en serio el estudio de las matemáticas, dibujo topográfico o física, lo cual lo animó a emprender instructivos viajes.
Se trasladó a Madrid en 1799 para completar sus estudios, donde vivió con sus tíos Esteban y Pedro Palacios. Fue ahí donde conoció a la que sería su esposa, María Teresa Rodríguez del Toro y Alayza, con quien residió en Bilbao. Ella murió en 1803 unos meses después de haberse instalado en Caracas, dejando una honda huella en el ánimo del jóven caudillo.
Inmediatamente después, emprendió nuevos viajes a Europa. En la primavera de 1804 intentó curar sus heridas entregándose a una completa vida social, fue en ese entonces cuando conoció a Alexander von Humboldt. Luego pudo reunirse nuevamente con su mentor Simón Rodríguez, con el que realizó un viaje a Italia y luego junto a Humboldt ascendió al imponente Versubio.
En julio de 1817 los patriotas junto a Bolívar, tomaron Angostura, donde asumió el poder. En 1819 Bolívar conquistó Nueva Granada y el 24 de junio de 1821 los ejércitos realistas quedaron desarbolados por el Libertador en la batalla de Carabobo.
El 26 de julio de 1822 Simón Bolívar se entrevistó en Guayaquil con José de San Martín, los 2 guerreros más ilustres de América del Sur, se enfrentaron cara a cara.
En 1824, fue nombrado Dictador con poderes ilimitados para salvar al país. Poco después en Junín derrotó al ejército realista del Perú, pero el 10 de febrero de 1825 renunció en Lima a los poderes que se le habían concedido.
En 1828 sufrió un atentado contra su vida, cada vez se sentía mas cansado, decepcionado y enfermo. Aun así en ese mismo año viajó a Ecuador para impedir la invasión peruana al sitio.
En 1830 volvió a Bogotá, donde fue testigo de la secesión de Venezuela. Renunció a la Presidencia y pensó en viajar a Europa, pero su muerte lo sorprendió aquel mismo año en San Pedro Alejandrino, el 17 de Diciembre de 1830.
Una semana antes de morir hizo pública su última proclama “La América es ingobernable para nosotros. El que sirve a una revolución ara en el mar, la única cosa que se puede hacer en América es emigrar”.
La controvertida personalidad política de Bolívar, acaso la haya dado él mismo en una carta escrita a José Antonio Páez:
“Yo no soy Napoleón si quiero serlo; tampoco quiero imitar a César; aún menos Iturbide. Tales ejemplos me parecen indignos de mi gloria. El título de Libertador es superior a todos los que ha recibido el orgullo humano. Por tanto, me es imposible degradarlo”.
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